El
cómplice, el íntimo, el amigo; valiente y honesto, inteligente y nada soberbio. Gracias, Sancho, por ser fuente de confianza y
hermandad desinteresada. Gracias por
tu presencia en mi vida, que fue báculo en batallas que yo creía
perdidas. Prepara las armas y las vituallas, amigo Sancho, y montemos, cabalguemos
y viajemos juntos; evitemos envidias y peleas absurdas en conjunto. Demostremos que el amor filial entre gente no familiar
existe y es posible, fuerte y entero. En fin, Sancho mío, gracias por ser mi
escudero.
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viernes, 8 de noviembre de 2019
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